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Las normas de calidad son un requisito casi imprescindible para competir
en el mercado interno y externo. Un estudio del Instituto Interamericano
de Cooperación para la Agricultura (IICA) advierte que ha sido habitual en
el sector de plantas aromáticas y medicinales descuidar los costos de la
"no calidad".
Esa falta de prolijidad se traduce en la devolución de la producción, la
imposibilidad de vender, la disminución o castigo en los precios de venta,
el peligro de contaminaciones microbianas y la presencia de productos
tóxicos que afecten la salud de la población.
Se importa más de lo que se vende
El último informe disponible –porque tampoco se cuenta con estadísticas
fiables y totalmente actualizadas- afirma que en el 2004 se exportó el
mayor volumen de especias en diez años, lideradas por el coriandro, el
pimentón, la pimienta y la nuez moscada.
Según la Dirección Nacional de Alimentos de la Secretaría de Agricultura,
se vendieron al exterior 1.186 toneladas, un 76 % más que el 2003. En
cuanto a las hierbas aromáticas, la manzanilla, albahaca y orégano
encabezan las ventas al exterior.
Sin embargo, las exportaciones bajaron 21 % respecto del 2003,
registrándose 1.547 toneladas en el 2004, al tiempo que se observó un
incremento del precio promedio en un 11,97%.
La balanza comercial de especias y hierbas aromáticas muestra un fuerte
déficit: las importaciones de especias superaron a las exportaciones por
2.097 ton. De hierbas se compraron 735 ton más de lo que se exportó.
Calidad ante todo
El volumen de aromáticas importadas saca a la luz las oportunidades
comerciales potenciales si se consigue suficiente cantidad y calidad para
satisfacer demandas internas y aumentar las exportaciones.
“Cada vez son mayores las exigencias de las empresas del sector
agroalimentario y de la industria farmacéutica para la compra de una
determinada materia prima, y a su vez someten a procesos de auditorías de
calidad a las empresas proveedoras mayoristas de productos aromáticos y
medicinales”, comenta Ana Curioni, profesora de la Universidad de Luján y
una de las autoras del estudio del IICA.
Los puntos de atención ya no se refieren sólo a características de calidad
física, química y microbiológica, sino que avanzan sobre las condiciones
de producción de la materia prima, su transporte y almacenamiento.
El ejemplo del pimentón habla por sí solo: un sustancial porcentaje del
producto no cumple con las exigencias de los compradores externos. A su
vez, el consumo en el mercado interno muestra una marcada caída debido a
que el pimentón local no satisface la calidad que están demandando los
consumidores argentinos.
“La baja calidad de la materia prima ha colaborado en la pérdida de
competitividad de las producciones nacionales respecto a las importadas.
La tecnología obsoleta empleada no sólo no garantiza altos rindes, sino
que genera un producto de calidad deficiente con altos niveles de
contaminación”, afirma Curioni.
Esfuerzos para mejorar
En este sentido, la Cámara Argentina de Especieros (CAEMPA) y el Servicio
Nacional de Sanidad (SENASA) armaron la “Guía de buenas prácticas de
higiene y agrícolas para la producción primaria (cultivo-cosecha),
acondicionamiento, almacenamiento, y transporte de productos aromáticos”.
Aunque por el momento no son de obligatorio cumplimiento, apuntan a
mejorar la calidad higiénica de los alimentos provenientes de la
producción primaria de plantas aromáticas.
La Cámara Argentina de Productores y Procesadores de Especies Aromáticas,
Medicinales y Afines (CAPPAMA) estima que en el país existen 3000
productores y el 80% opera dentro de una economía no oficial. De esta
porción mayoritaria, la mitad sólo produce una hectárea o menos para la
subsistencia.
“Otro elemento que limita la aplicación en serio de buenas prácticas es la
escasez de personal técnico capacitado, debido a que las producciones
aromáticas y medicinales no se encuentran incluidas en ninguna currícula
de las Universidades”, agrega Curioni, también consultora externa del
IICA.
“Los escasos técnicos formados en esta actividad lo han hecho sobre la
base de su esfuerzo personal de autoformación, comenta Curioni. Un hecho
señalable es cierto halo de secreto existente sobre estas producciones,
donde incluso la tecnología de producción es considerada una especie de
secreto comercial por las empresas del sector y gran parte de los
técnicos”
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VENTAJAS
DE APLICAR LAS BUENAS PRÁCTICAS |
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> PARA
EL PRODUCTOR
• Obtiene
mayor aceptación de su producto en el mercado ya que ofrece garantías
de inocuidad.
• Mejora
su productividad debido a que disminuye y corrige las fallas y
errores.
• Limita
los riesgos en términos de responsabilidad legal debido a que mejora
notablemente los parámetros de calidad.
• Mejora
su utilidad, valorizando el producto. En este sentido, se hace más
creíble tanto en el mercado externo como en el interno.
> PARA EL CLIENTE O CONSUMIDOR
• Obtiene
un producto seguro que permite minimizar sus costos de control de
calidad.
• El
proveedor cumple con los plazos en tiempo y forma y esto también le
disminuye los costos de no cumplimiento con su cliente.
• Conoce
la trazabilidad del producto y puede ofrecer garantía de inocuidad, en
particular en países del exterior donde hoy no se concibe el
desconocimiento de la historia del producto.
• Los
precios se vuelven realistas ya que se calculan sobre bases conocidas
y esto permite mejorarlos.
> PARA LA COMUNIDAD
• Limita
los riesgos en el consumo de alimentos tanto frescos como procesados.
• Se
protege el ambiente dado que las buenas prácticas apoyan, por ejemplo,
el uso discreto de productos químicos y defiende las recolecciones
indiscriminadas, entre otras.
• Se
satisfacen aspectos sociales.
• Incluye
a toda la comunidad en el compromiso y permite la toma de conciencia
en relación con aquellas cosas que el consumidor final debe exigir
para tener mejor calidad de vida. |
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