|
La preparación de dulces y mermeladas en el hogar todavía
es el sistema más importante y seguro de conservar frutas. Muchos de estos
productos artesanales resultan excelentes, aunque los conceptos sobre esa
excelencia han cambiado.
Nuestras abuelas cocinaban las mermeladas en ollas de cobre durante horas
y a veces días, y todas tenían el mismo color oscuro y sabor acaramelado.
¿Puede, entonces, la información cambiar nuestros gustos?
Cuántos más conocimientos adquirimos, más opciones se presentan para
elegir. La velocidad en la información actual hace que uno sepa cómo se
prepara una comida en Japón o en Argentina. Entonces, al elegir qué
consumir, nos volcaremos a la búsqueda de calidad y alimentos saludables.
Indudablemente, muchas personas hemos cambiado nuestros gustos. Hoy
preferimos mermeladas menos dulces donde se resalte el color, sabor, olor
y trozos de la fruta... en vez de mermeladas extremadamente dulces donde
la fruta había perdido su identidad aunque era percibida como deliciosa en
nuestra infancia.
Del mismo modo, cuando exportamos nuestras “mejores mermeladas”, los
europeos las encuentran tan dulces y empalagosas que les resulta imposible
de comer. Este es el caso de una fábrica artesanal que envió muestras a
Italia y recibió esa opinión del importador.
Este concepto forma parte de la búsqueda de una alimentación más sana y
natural, que ya llegó a la clase media y alta en la argentina: confituras
con más frutas y menos azúcar.
SENTIR LA FRUTA
Ya existen varias fábricas artesanales de “frutas untables” o confituras
de frutas, ya que el Código Alimentario Argentino no permite llamarlas
mermeladas porque no cumplen con el requisito de tener los 65 grados brix,
(65 % de azúcar). En inglés se las llama fruit spread.
La idea de la fruta untable es elaborar un producto con más fruta y menos
azúcar o reemplazarla con jugos concentrados de frutas como el jugo de uva
rectificado o jugos concentrados de manzana, pera, uva sin rectificar
(orgánico) que comunican a la preparación el gusto de las frutas de donde
fueron extraídos.
También se puede usar una proporción de miel, pero hay que recurrir a
tratamientos especiales para no recalentarla y producir hidroxi-metil-
furfural (HMF), compuesto químico indeseable.
En el Código Alimentario se fija que una mermelada debe tener como mínimo
45 partes de fruta y 55 de azúcar agregada: puede ser azúcar de caña, de
remolacha o jarabes de maíz. En una fruta untable, estos números cambian
sensiblemente, en busca de un producto donde la fruta sea el mayor
componente.
LAS PROPORCIONES CUENTAN
En frutas blandas como corintos, frutillas, damascos y duraznos bien
maduros se llega a 60 ó 70 partes de fruta agregando como endulzante
azúcar, que puede ser simplemente sacarosa (azúcar común), sacarosa
orgánica o jugos concentrados de fruta. Utilizando estos últimos se
obtendrá un producto que se puede llamar “todo fruta” que tiene las
ventajas de mantener el sabor, olor y textura de las frutas originarias,
ser mucho menos dulce, y por ende más sano.
Estos productos terminados contarán con entre 45 y 50 grados brix, lo que
hace que el consumidor esté ingiriendo entre 15 y 20 % menos de azúcar,
casi toda proveniente de las frutas y no de la caña que ha sufrido
tratamientos de blanqueo y purificación.
Al tener menos grados brix en estas preparaciones, es menor la protección
contra los microorganismos contaminantes respecto a los dulces comunes que
tienen una baja actividad de agua, pues poseen más cantidad de sólidos y
menos agua disponible para los microorganismos.
A pesar de tener una actividad de agua alta, ninguno sobrepasa los 0,93
(medida clave para el desarrollo del Clostridium botulinum) y se trata de
que todas las frutas untables tengan su pH por debajo de 3,6 donde se hace
imposible una contaminación con la toxina de esta bacteria tan temida.
No hay que olvidar que cuando se realiza una confitura de cualquier tipo
(fruta untable, mermelada, almíbares, etc.) se está trabajando con
material biológico: las frutas y hortalizas. Estas variarán en sus
características de acuerdo a su madurez, variedad, lugar donde se
cultivaron etc.
BUENAS PRÁCTICAS
Por estos motivos hay que cumplir con determinados controles (cantidad y
calidad de la pectina, pH, grados brix de la fruta) que hacen a las buenas
prácticas de manufactura (BPM) y sirven para lograr una calidad pareja en
la producción todo el año aunque se cambie de proveedores de frutas, de
variedades, de estadios de madurez, etc.
Las buenas prácticas de manufactura (BPM) se refieren a los procedimientos
mínimos exigidos en el mercado internacional en lo relativo a higiene y
formas de manipulación. Pretenden establecer criterios generales de
prácticas de higiene y procedimientos para la manufactura de alimentos
destinados a consumo humano que hayan sido sometidos a algún proceso
industrial.
La protección de alimentos comprende a todas las actividades encaminadas a
obtener alimentos inocuos, sanos y saludables para contribuir a la
prevención de enfermedades y promover la salud de los consumidores.
Asegurar la calidad en una fábrica artesanal, mediana o industrial de
confituras implica cubrir muchos aspectos y características que definen la
aptitud de este producto y satisfacer las expectativas o necesidades del
consumidor.
Cuanto más se conoce de confituras, más se aprecia la calidad de éstas: un
producto realizado con frutas frescas o congeladas, terminado rápidamente
donde se mantiene el “flavor” (sabor+olor+ textura) de las frutas, al que
no se le agregaron conservantes y no se usaron pulpas sulfitadas, es mucho
más caro, pero vale la pena.
|