La seguridad debe ser un tema cada día más preocupante
para elaboradores de alimentos.
“La ignorancia es más peligrosa que la maldad”, me lo decía siempre una
persona que ya no está y fue muy importante en mi vida. Trasladado a
escabeches o carnes envasados en forma artesanal o casera, la consigna se
cumple de forma inexorable. Justamente el término "botulinum" deriva del
latín "botulus", que quiere decir embutido, pues fue sobre un embutido
donde se aisló por primera vez el germen que causa el botulismo.
Son peligrosas las malas interpretaciones de ciertas
“verdades”, por ejemplo, creer que los escabeches no tienen riesgo de
contaminación botuliníca porque se hicieron con vinagre. Esta verdad es
tan relativa como la vida misma: la segunda causa de brotes de botulismo
en el mundo son los escabeches artesanales, donde no se tiene en cuenta la
“capacidad buffer” del alimento.
¿De qué se trata esto? En los alimentos muy proteicos
(carne, pescado, huevos, etc.) con la misma cantidad de ácido (vinagre en
este caso) siempre hay un descenso menor del pH que en los productos de
frutas y verduras. Luego de unos 10 ó 15 días cuando se produce la
estabilización de los sabores y del pH dentro del frasco, nos
encontraremos que subió peligrosamente.
O también se dice que “desde mis abuelos que hacemos esta
conserva de la misma forma y nunca se enfermó nadie”, pero si no se tienen
los cuidados necesarios y no se controla la elaboración no es imposible
que en el frasco 1001 pueda desarrollarse la toxina del botulismo y matar
a una familia.
Puntos críticos de un buen escabeche
Los defectos en los frascos pueden originar fugas, contaminación posterior
al tratamiento y alteración del producto envasado. La operación de llenado
debe ser perfectamente controlada.
Si se retrasa el llenado de los recipientes y su tratamiento posterior, se
puede reducir la eficacia de la esterilización. El llenado excesivo, por
su parte, puede originar un tratamiento inferior al necesario, la
diferencia entre sólidos y líquidos en distintos envases ocasionarán
cambios en la esterilización, la modificación del tamaño de los trozos de
carne, y la cantidad de ellos también afectarán el proceso.
Una fibra de carne en la tapa del frasco actuará como mecha permitiendo la
entrada del agua de esterilización.
Enemigo número uno
El botulismo está considerado como una enfermedad grave de
origen tóxico-bacteriano. La toxina de C. botulinum es extremadamente
potente, incluso mortal en ínfimas cantidades. Bloquea la liberación de
una sustancia llamada acetilcolina en las terminaciones nerviosas, con lo
que paraliza los músculos y puede llevar a la muerte por parada
cardiorrespiratoria.
Para los microbiólogos, el término "clostridium" indica que
el organismo es capaz de crecer en ausencia de aire u oxígeno (anaerobio)
y que es un formador de esporas, lo que le permite sobrevivir en una
amplia variedad de condiciones desfavorables, tales como el calor y
agentes químicos.
Las esporas son como las semillas de las plantas y representan una etapa
durmiente en el ciclo normal de crecimiento del organismo. Están
distribuidas extensamente en el suelo, en sedimentos marinos y en las vías
intestinales de animales y peces, por lo tanto cualquier alimento crudo
puede estar contaminado con ellas.
Sin embargo, solo se liberará la toxina cuando la forma vegetativa del
microorganismo encuentre las condiciones favorables para multiplicarse en
un alimento (por ej.: pH mayor de 4,5, poco oxígeno y temperatura por
arriba de 3° C).
Métodos de lucha
La aplicación leve de calor destruirá todas las bacterias que no forman
esporas o que están en la etapa vegetativa, tanto en alimentos de acidez
alta como en los de acidez baja. Para matar las esporas del Clostridium
botulinum o las esporas que causan deterioro en los alimentos de acidez
baja, hay que aplicar altas temperaturas, de ahí la necesidad de un
procesamiento térmico a presión (autoclave: 120º C durante 20 minutos).
En los alimentos de acidez alta (muy ácidos) no existe el peligro por
contaminación con esporas de Clostridium botulinum, porque el pH bajo
(menor de 4,5) evita que las esporas germinen y crezcan y por consiguiente
las toxinas no serán liberadas.
Los alimentos con un pH de 4,5 o menor se pueden esterilizar en baño
María, es decir: se pueden utilizar procesos en agua hirviendo ya que solo
hay que destruir células vegetativas y no esporas.
También se ha señalado riesgo en algunos productos alimenticios salados
con concentraciones de sal inferiores al 10%. En consecuencia, las
salazones de pescado, y sobre todo las semiconservas de anchoa en aceite,
pueden ser un producto de riesgo si bien no se ha descrito ningún caso de
botulismo asociado al consumo de semiconservas de anchoa en aceite, en las
que la concentración se sal oscila entre un 12% y un 14%.
La toxina botulínica es termolábil, es decir que se destruye con el calor.
Afortunadamente con una temperatura de 80º C por 30 minutos se destruye
completamente.
El hecho de esa sensibilidad al calor hace que las intoxicaciones
botulínicas no aparezcan en aquellos alimentos preparados con conservas
caseras que entran como ingredientes que se cocinan y sí en aquellos que
se ingieren sin otra cocción, es decir, tal como vienen en el frasco o
lata originales.
Las apariencias engañan
El alimento envasado puede no tener ningún aspecto nocivo, ya sea cambio
de color, olor o sabor y estar contaminados, aunque algunas veces se
suelen presentar latas hinchadas (con gas) y sabores a rancio.
En general los cambios, de producirse, suelen deberse a otros gérmenes
también anaerobios que pueden haber infectado simultáneamente al alimento.
Sin embargo, hay cepas de Clostridium que no originan gas y otras que si
lo producen.
Otra forma de protección usada en la industria es agregando agentes
conservantes a las conservas. Cuando el producto elaborado no admite el
sabor ácido como ciertos patés y aunque se esterilice en autoclave a 121°
C siempre es conveniente tener alguna protección ante una rotura
imperceptible de una lata o falla de la tapa de un frasco.
Para usar conservantes hay que tener conocimientos sólidos,
equipos específicos (balanzas de precisión, etc) y usar la menor cantidad
posible siempre dentro de los límites dados por el Código Alimentario
Argentino. Son sustancias tóxicas para los microorganismos, por lo que si
afecta también a alguno de nuestros procesos metabólicos pueden detectarse
cuadros de intoxicación, ya sea de tipo agudo o crónico.
Otros motivos para su desaprobación se fundamentan en el
hecho de que pueden ser empleados para disimular un deterioro o alteración
del producto. Siempre se ha de tener en cuenta que no deben ser nunca
empleados como sustitutivos de la falta de limpieza o para encubrir
deficiencias ya existentes en el alimento, y deben estar indicados en la
etiqueta.
Se debe remarcar que el empleo de conservadores no mejora
la calidad de un producto que esté alterado o contaminado. Además los
aditivos conservadores han de ser empleado sólo cuando no haya otro
proceso tecnológico que haga innecesario su empleo.
EL PH ES POTENCIAL HIDRÓGENO
En 1909 el químico danés Peder Lauritz Sørensen definió el
potencial hidrógeno (pH) como el logaritmo negativo de la actividad de los
iones hidrógeno. En otras palabras, el pH designa el grado de acidez o
alcalinidad de una solución acuosa, en este tipo de alimentos.
La neutralidad es el pH 7; para los elaboradores de conservas la cifra
límite es 4,5 (pH de protección) por debajo del cual el clostridium
botulinum no se desarrolla. Un alto pH equivale a baja acidez (pH mayor de
4,5), mientras que uno bajo quiere decir alta acidez (pH menor de 4,5).